lunes, 17 de diciembre de 2012

Espejismo

Corro por este desierto nacarado, vivo mientras mis pies alzan arena con cada pisada, y las pisadas se pierden entre las dunas, al otro lado de las cumbres que lame el viento cálido. El sol quema mi espalda mientras la sal impregna mi piel, seca mi boca... me susurra que busque refugio y agua. Sin embargo yo no me detengo, pues en mi interior ruge un fuego intenso, una llama que hace palidecer al sol que me ilumina. 

De pronto, al rebasar una de las lomas veo un paraje insólito: Hay verde, ocre y un suave azul en mitad de un profundo valle. Me acerco, mi carrera vacila, mis pies se vuelven pesados, mi corazón se estremece...tanta paz, tal belleza. En un parpadeo todo desaparece, más al llegar al centro del valle, veo sobre una colina  la espalda desnuda de una mujer: seductora, incitante, provocadora. Hay otras huellas en la Arena ¿Acaso he de seguirla? 

Mientras continúo corriendo hasta la siguiente duna, no puedo evitar pensar que, la promesa de un futuro lleno de paz y prosperidad es en ocasiones, el peor de los espejismos. El futuro es sólo una ilusión. Me conformaré con el momento, mientras alimento el anhelo que ha nacido de esta visión.





martes, 20 de noviembre de 2012

EL ENIGMA.



El viento soplaba entre los árboles desnudos, moviendo de cuando en cuando la capa de hojas que alfombraba el suelo, convirtiéndola en un pequeño mar de colores ocres, confundiendo los montoncillos con pequeñas olas. Una solitaria figura caminaba por el irregular sendero que hendía el corazón del bosque. Su capucha se ondulaba fuertemente, apenas dejando ver unos mechones de pelo grisáceo y unos ojos claros; la túnica oscura de la que partía la capucha, también se agitaba bajo el cinturón negro que la ceñía, golpeteando unos pantalones de tela gris que terminaban en unas botas de caña alta. Los pasos del caminante se aceleraron cuando vislumbro el pequeño altar que había más adelante, en mitad de un claro, en el centro del  bosque, justo, donde terminaba el camino.
Al fin llegó a su destino. Sobre el altar había una moneda que giraba encima de un plato, quizá impulsada por el viento que azotaba la región. Cuanto más intentaba escudriñar  cara y cruz de la moneda, más rápido parecía girar esta. A los pies de la sencilla estructura de granito se hallaba sentado un anciano de larga barba blanca, que, por extraño que pudiera parecer, permanecía impasible, ajeno al viento que envolvía todo lo demás. El caminante se arrodillo frente al anciano, y le preguntó:
-Dime tú, anciano ¿Sabes cómo detener la moneda que gira sobre ti?
El anciano abrió los ojos, teñidos de blanco por completo, y sin dejar de mirar hacia el frente, contestó:
-No soy yo el que puede hacerla parar, si no tú. No es sobre mí sobre quien gira, si no sobre tí.
El caminante, sorprendido, siguió la conversación:
-Dime al menos si has conseguido vislumbrar sus dos facetas.
-Yo las veo constantemente, ora la cara, ora la cruz, y no hago si no lamentar el haberlas visto, por que una vez detenida la moneda, nada puede cambiar - fue la lacónica respuesta que obtuvo el caminante.
-Así pues, el famoso enigma de esta moneda, conocido en todos los reinos ¿tiene su solución?- Insistió en preguntar al anciano.
-Sí, tiene solución. La respuesta está oculta de la mejor de las maneras: a la vista de todo el mundo- el anciano esbozó una sonrisa- De esta forma, todo el mundo conoce la respuesta, pero nadie se percata de ello.
- ¿Como puede ser esto posible? ¿Cuanto tiempo llevas aquí tú para saber eso? ¿Cuán sabio eres para conocer estos misterios?
-Nada es más real y lógico. En cuanto a mí, llegué contigo, no soy en absoluto mejor que tú, aunque cada batir de la moneda me vuelva en efecto más sabio. Sólo soy una parte de ti, así que todas las preguntas que me refieres, en realidad, te las estas haciendo a ti mismo.
-Si eres parte de mí, entonces, supongo que podrás decirme si es cierto que el enigma de la moneda es capaz de revelarte el futuro.
-Quizá, pero dime ¿y si te dijera que lo único que te depara el futuro es enfermedad? ¿y si fuera desesperación o desilusión?¿Que pasaría si fuera dolor, rencor, odio...?
-Nada, no pasaría nada, por que si ese es mi destino, así habría de aceptarlo.
-Entonces te digo, lucharás por tú futuro, pero no lo alcanzarás plenamente; combatirás las dificultades, pero sufrirás mil derrotas; habrá alegría, pero el miedo la empañará; Y al final de este camino, hallarás la muerte.
-No puede ser, tiene que haber algo más...¿es tan sólo este el secreto de la moneda?
-Acércate caminante, deja que te revele el secreto, pero, no des ni un paso si no estás seguro de ser capaz de afrontar las consecuencias que ello puede traer.
El caminante se puso en pie y se acercó al anciano, justo al pie del altar, con la moneda al alcance de su mano. El que permanecía sentado, habló:
-Yo soy la experiencia, aquella que sólo se adquiere cuando el destino ha sido alcanzado, cuando el futuro se convierte en presente. Y esta moneda no es si no el destino mismo, que gira y gira en tanto no ha sido decidido.
El caminante miró la moneda, y luego se dio la vuelta.
-Entonces Anciano, somos uno, ahora entiendo. Combatiré al destino, por que nada ha de estar predestinado; lucharé por vivir cada momento sin obsesionarme por el siguiente, por que así el futuro será plenamente alcanzado; no me amilanaré ante las derrotas, por que cada una proporcionará las bases a las victorias que habrán de seguir; y al final, no temeré al futuro. Así, mi alegría será plena.
El anciano enfocó su mirada vacía en el caminante, sonrió y a modo de despedida dijo:
-Marcha ahora, se acerca el amanecer.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Secreto de peregrino

Bate el viento al filo de un acantilado.

Siento el vertigo, cómo si la distancia que me separa del suelo saliera a mi encuentro. Hay un gran farallón frente a mi, erguido en mitad de la playa que barro con mis ojos. Se alza majestuoso sobre la arena que lame el mar, como si se tratara de un dedo que apuntase al cielo, incriminándolo.

He incumplido las promesas hechas al calor de recuerdos agonizantes; he roto mis votos más sagrados, aquellos que me sostenían; me he acercado con cada paso al abismo más profundo; he rezado a Dios, pero no he sabido interpretar sus respuestas... mientras todo esto sucedía, yo, calado, aterido de frío, alzaba la mirada al cielo oscuro. Hasta que llegué al final de la tierra.

He hallado un lugar que antes había imaginado, que acude a mi desde palabras escritas antaño... he vuelto a ver el mar, más ahora se me antoja los ojos de una mujer: hermosos, cautivadores, reposo de incontables secretos... tumba de incautos. Mil veces he soñado con ella, más nunca la he encontrado, y no es sino al borde del agua, que descubro de quién me había enamorado.

martes, 2 de octubre de 2012

VENDAVAL




Oigo el frío
y veo
el silbído
del viento…
Bate el campo
quebrado,
del que nazco
izado.
Agitando
mis hojas,
con mi tallo
y copa.
¡Soplarás!
¡Y yo reiré!
¡Doblarás!
¡Más volveré!

viernes, 7 de septiembre de 2012

Adios



En una vieja estación suena el silbato de un tren.
El tiempo se ha detenido: saludos, despedidas; sonrisas, lágrimas; Miradas, cabezas gachas… todo perfectamente congelado. Hay una luz tenue que se filtra por las altas vidrieras, revelando haces como filos, hojas que hienden el polvo en suspensión. De pronto se destaca una figura vestida con un abrigo rojo, los labios pintados de carmín intenso, el pelo castaño ondulado y una sonrisa abierta como media luna que engulle mi mirada. Un aroma embriagador inunda la escena, mi corazón se acelera, sonrío sin saber bien qué decir. Tras un gesto de cariño ella habla:
-No sabía si vendrías…- deja morir la frase en el silencio del anden atestado, para luego retomarla- Será temporal, volveré.
Prende un beso en mi mejilla, sube al tren. Yo le digo adiós con la mirada y mi corazón se estremece. El vapor de una chimenea envuelve el andén…Es sólo una vieja fotografía descolorida, sostenida por una mano arrugada, junto a otra mano rugosa. Al alzar la mirada veo su blanco pelo ondulado, la bata a juego y su sonrisa, que permanece intacta. Al final mantuvo su palabra. En ese momento ella abre los ojos, como si me leyera el pensamiento:
-          No tengas miedo, te esperaré en la siguiente estación.
Mi corazón se estremece una vez más, en un andén distinto, ante un tren diferente. Y te digo adiós con la mirada.

Caballos Salvajes



Caballos salvajes galopando por una llanura resquebrajada, desolada, en mitad de una tormenta aterradora, lanzados hacia el horizonte, encabritados, enloquecidos.
¿Sabes Hank? Sigue habiendo caballos de ojos hermosos. Pero portan viseras que sólo les permiten ver los surcos por los que avanzan. Al final, se consumirán en el horizonte, donde todos los senderos terminan.  En tanto, el látigo los sigue azuzando:
-Seguid, confiad, no preguntéis.
Sin embargo, de cuando en cuando, alguno se pregunta:
              -¿Por qué no ir más allá? ¿Por qué seguir este rumbo fijo?
La respuesta restalla en forma de latigazo, de dominación, de rechazo. El animal es apartado para que no contagie a la masa con sus ideas.
¡OH HANK! Sigue habiendo hombres de ojos hermosos, fieros e indómitos. Pero el látigo los castiga, mientras las manos que empuñan este cruel cuero sonríen, fuman puros, conducen coches caros y visten trajes oscuros. Son usureros que juegan con la vida de las personas, gota a gota, esperanza a esperanza, sueño a sueño.
Y el poeta?  El poeta ya sólo observa impotente.

Una mañana



Si bien te describiera,
mi alma sería abierta,
si no te conociera,
mi vida sería incierta.

No sé qué decirte,
se me escapa el pensamiento,
no se cómo repetirte
las palabras en mi aliento.

Quizá sean imposibles
los futuros que anhelo,
quizá lleguen horribles
los días, los miedos, el hielo.

Dejaré al frío,
en este amanecer,
junto a este río,
llevarse lo destinado a perecer.

Tormenta



Veo negras flores,
pajaros en vuelo;
rayos cegadores
que quiebran el suelo.

Escucho un rumor,
palabras vacías,
sonidos sin honor
que llenan los días.

La tormenta llega,
se oscurece el cielo;
De montaña a vega
asientan frío y hielo.

Cenizas del verbo
quedarán de broche.
Ya tan sólo observo:
Aquí está la noche.

La palabra



Qué era lo pronunciado
por labios olvidados.
Qué lo desperdiciado
en momentos soñados.
Una palabra, confundida.

Fuera ya día o noche,
hiciera frío o calor.
Probable era el derroche,
certero era el dolor.
Una ilusión, ahora perdida.

Quién pudiera avisar
en tanto no llegado,
cuánto había de errar.
triste era su legado:
Una palabra, soslayada.

Cruzada la frontera,
no había vuelta atrás.
De manera sincera
caminando al compás
De una emoción, no profanada.

Vislumbrados los labios,
intuído el olor,
mis pasos eran obvios,
ignorando el calor,
del fuego, que ahora se ha ocultado.


Es, será y fue mi alma
la luz que me ilumina,
una voz que me calma,
voluntad que camina:
Mi corazón, asaeteado.

De mi vida el icor.
En sueños alzanzada.
De tu boca el sabor.
Si escuchada realzada
Es esa palabra: Amor.

Un dia gris




Cabezas gachas a fuerza de pesar,
a fuerza de orgullo altivas miradas,
de golpes sin poder levantar
ese caminar de lentas pisadas.

En un día sin luz,
no hay ni ligereza en su juventud,
tan sólo voces en un ataúd.

Sólo es otro día, otro camino de ida,
camino de ida que crea ilusión de vida.

Pero hay otros ojos,
miradas de cuello erguido,
camino ligero entre despojos,
rápido y decidido.

Sus días son luminosos.
Sus jóvenes, aun perezosos,
de voz y porte ostentosos.

Son flores que trepan para el sol acaparar,
mientras el jardín a sus pies no dudan en estrangular.