Cabezas gachas a fuerza de pesar,
a fuerza de orgullo altivas miradas,
de golpes sin poder levantar
ese caminar de lentas pisadas.
En un día sin luz,
no hay ni ligereza en su juventud,
tan sólo voces en un ataúd.
Sólo es otro día, otro camino de ida,
camino de ida que crea ilusión de vida.
Pero hay otros ojos,
miradas de cuello erguido,
camino ligero entre despojos,
rápido y decidido.
Sus días son luminosos.
Sus jóvenes, aun perezosos,
de voz y porte ostentosos.
Son flores que trepan para el sol acaparar,
mientras el jardín a sus pies no dudan en
estrangular.
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