martes, 20 de noviembre de 2012

EL ENIGMA.



El viento soplaba entre los árboles desnudos, moviendo de cuando en cuando la capa de hojas que alfombraba el suelo, convirtiéndola en un pequeño mar de colores ocres, confundiendo los montoncillos con pequeñas olas. Una solitaria figura caminaba por el irregular sendero que hendía el corazón del bosque. Su capucha se ondulaba fuertemente, apenas dejando ver unos mechones de pelo grisáceo y unos ojos claros; la túnica oscura de la que partía la capucha, también se agitaba bajo el cinturón negro que la ceñía, golpeteando unos pantalones de tela gris que terminaban en unas botas de caña alta. Los pasos del caminante se aceleraron cuando vislumbro el pequeño altar que había más adelante, en mitad de un claro, en el centro del  bosque, justo, donde terminaba el camino.
Al fin llegó a su destino. Sobre el altar había una moneda que giraba encima de un plato, quizá impulsada por el viento que azotaba la región. Cuanto más intentaba escudriñar  cara y cruz de la moneda, más rápido parecía girar esta. A los pies de la sencilla estructura de granito se hallaba sentado un anciano de larga barba blanca, que, por extraño que pudiera parecer, permanecía impasible, ajeno al viento que envolvía todo lo demás. El caminante se arrodillo frente al anciano, y le preguntó:
-Dime tú, anciano ¿Sabes cómo detener la moneda que gira sobre ti?
El anciano abrió los ojos, teñidos de blanco por completo, y sin dejar de mirar hacia el frente, contestó:
-No soy yo el que puede hacerla parar, si no tú. No es sobre mí sobre quien gira, si no sobre tí.
El caminante, sorprendido, siguió la conversación:
-Dime al menos si has conseguido vislumbrar sus dos facetas.
-Yo las veo constantemente, ora la cara, ora la cruz, y no hago si no lamentar el haberlas visto, por que una vez detenida la moneda, nada puede cambiar - fue la lacónica respuesta que obtuvo el caminante.
-Así pues, el famoso enigma de esta moneda, conocido en todos los reinos ¿tiene su solución?- Insistió en preguntar al anciano.
-Sí, tiene solución. La respuesta está oculta de la mejor de las maneras: a la vista de todo el mundo- el anciano esbozó una sonrisa- De esta forma, todo el mundo conoce la respuesta, pero nadie se percata de ello.
- ¿Como puede ser esto posible? ¿Cuanto tiempo llevas aquí tú para saber eso? ¿Cuán sabio eres para conocer estos misterios?
-Nada es más real y lógico. En cuanto a mí, llegué contigo, no soy en absoluto mejor que tú, aunque cada batir de la moneda me vuelva en efecto más sabio. Sólo soy una parte de ti, así que todas las preguntas que me refieres, en realidad, te las estas haciendo a ti mismo.
-Si eres parte de mí, entonces, supongo que podrás decirme si es cierto que el enigma de la moneda es capaz de revelarte el futuro.
-Quizá, pero dime ¿y si te dijera que lo único que te depara el futuro es enfermedad? ¿y si fuera desesperación o desilusión?¿Que pasaría si fuera dolor, rencor, odio...?
-Nada, no pasaría nada, por que si ese es mi destino, así habría de aceptarlo.
-Entonces te digo, lucharás por tú futuro, pero no lo alcanzarás plenamente; combatirás las dificultades, pero sufrirás mil derrotas; habrá alegría, pero el miedo la empañará; Y al final de este camino, hallarás la muerte.
-No puede ser, tiene que haber algo más...¿es tan sólo este el secreto de la moneda?
-Acércate caminante, deja que te revele el secreto, pero, no des ni un paso si no estás seguro de ser capaz de afrontar las consecuencias que ello puede traer.
El caminante se puso en pie y se acercó al anciano, justo al pie del altar, con la moneda al alcance de su mano. El que permanecía sentado, habló:
-Yo soy la experiencia, aquella que sólo se adquiere cuando el destino ha sido alcanzado, cuando el futuro se convierte en presente. Y esta moneda no es si no el destino mismo, que gira y gira en tanto no ha sido decidido.
El caminante miró la moneda, y luego se dio la vuelta.
-Entonces Anciano, somos uno, ahora entiendo. Combatiré al destino, por que nada ha de estar predestinado; lucharé por vivir cada momento sin obsesionarme por el siguiente, por que así el futuro será plenamente alcanzado; no me amilanaré ante las derrotas, por que cada una proporcionará las bases a las victorias que habrán de seguir; y al final, no temeré al futuro. Así, mi alegría será plena.
El anciano enfocó su mirada vacía en el caminante, sonrió y a modo de despedida dijo:
-Marcha ahora, se acerca el amanecer.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Secreto de peregrino

Bate el viento al filo de un acantilado.

Siento el vertigo, cómo si la distancia que me separa del suelo saliera a mi encuentro. Hay un gran farallón frente a mi, erguido en mitad de la playa que barro con mis ojos. Se alza majestuoso sobre la arena que lame el mar, como si se tratara de un dedo que apuntase al cielo, incriminándolo.

He incumplido las promesas hechas al calor de recuerdos agonizantes; he roto mis votos más sagrados, aquellos que me sostenían; me he acercado con cada paso al abismo más profundo; he rezado a Dios, pero no he sabido interpretar sus respuestas... mientras todo esto sucedía, yo, calado, aterido de frío, alzaba la mirada al cielo oscuro. Hasta que llegué al final de la tierra.

He hallado un lugar que antes había imaginado, que acude a mi desde palabras escritas antaño... he vuelto a ver el mar, más ahora se me antoja los ojos de una mujer: hermosos, cautivadores, reposo de incontables secretos... tumba de incautos. Mil veces he soñado con ella, más nunca la he encontrado, y no es sino al borde del agua, que descubro de quién me había enamorado.