Es este sentimiento tan fuerte que estrangula las palabras. Tamborilean mis dedos impacientes sobre el teclado, deseando iniciar una danza frenética, más no saben cómo empezar, no saben con que primera palabra echar a volar. Hablarán de la soledad esta vez, de esa extraña enredadera llamada desesperanza, que se alza a menudo desde la boca del estomago hasta llegar a la garganta, donde asfixia incluso el llanto.
No ven los ojos que es una ilusión, porque si destapan la teatralidad que encierran todas estas emociones, corren el riesgo de ir demasiado lejos, mostrando que todo el conjunto, a la luz de lo finito, es una vacuidad. Aceptemos por lo tanto, la venda en los ojos que nos permitirá seguir con nuestro día a día.
Más quién no ha caminado por estos páramos, llenos de arboles secos y arcilla resquebrajada, a la espera de algo de lluvia, de contacto humano más allá de la artificiosidad; Pues no hay arcilla hoy pero si asfalto, y quizá no árboles pero si personas. Pon tu mejor sonrisa amigo, será la capucha que te proteja de las tormentas de arena que están por venir en este desolado paraje.
De tanto en tanto, como en todo desierto, se encuentran oasis. Si eres un viajero inteligente intentarás no expoliarlos, para poder volver a ellos de tanto en tanto. La amistad es un regalo extraño que se pierde con facilidad, y el amor... el amor es un agua que se debe beber trago a trago, despacio, rezando por que la charca de donde la extraes no se agote nunca.
Y mientras, en este camino salpicado de paisajes oscuros, arenas movedizas y dunas interminables, qué mejor ayuda que un buen cayado en el que apoyarse para superar cada cima... el mío será la rabia. Rabia ante la impasibilidad de este mundo que se ahoga, ante la impotencia, ante la inquina, ante la ceguera que es mía también, pues no quiero ver. Pero cuidado, porque la rabia aun siendo un aliado poderoso, como el fuego, se desboca con facilidad. Si no quieres ver arder los pocos lugares de descanso que te quedan, úsala con prudencia, aprende a domarla, como el corcel brioso que es.
Sea esta la imagen con la que los dedos se detengan, saciados por esta noche: Un nómada montado en un corcel de ojos rojos, galopando por un desierto de arena y roca, con la tormenta de arena siempre a su espalda.
viernes, 21 de noviembre de 2014
sábado, 1 de noviembre de 2014
Alza la mirada.
¿Cómo podría describir este momento? Cómo, sin volver a pintar un paisaje oscuro, sin invitar al desaliento, sin pisar el suelo que tú y yo compartimos, mi amigo.
Quizá sea sólo cuestión de alzar la mirada, ver la luna y el sol, las nubes teñidas de oro y plata, las estrellas titilantes... Sentir el aire vibrante, sostenido en tensión como la nota de la cuerda que está por restallar.
Si los pies nos atan a esta rutina, llevándonos por senderos conocidos, la vista en cambio, la vista nos alza por encima de la penuria, como si de un pájaro que remonta el vuelo se tratara.
Si alzas tu voz para describir este momento, no pienses sólo en este momento: Mira más allá. Estas en la antesala de una escalera que te conducirá allá donde desees ir. Así pues conten el aliento, aprieta los dientes, usa cada día como un peldaño más: no malgastes las palabras; encuentra la lección que esconde cada instante; aprende a perder, pues es la única forma de llegar a ganar.
Poco a poco te elevarás, paso a paso, tirando de las cadenas que te atan al pasado. Al final encontrarás un sueño por el que realmente merecerá la pena luchar. Será ese el momento en que con un grito de furia romperás tus cadenas, y serás libre.
Quizá sea sólo cuestión de alzar la mirada, ver la luna y el sol, las nubes teñidas de oro y plata, las estrellas titilantes... Sentir el aire vibrante, sostenido en tensión como la nota de la cuerda que está por restallar.
Si los pies nos atan a esta rutina, llevándonos por senderos conocidos, la vista en cambio, la vista nos alza por encima de la penuria, como si de un pájaro que remonta el vuelo se tratara.
Si alzas tu voz para describir este momento, no pienses sólo en este momento: Mira más allá. Estas en la antesala de una escalera que te conducirá allá donde desees ir. Así pues conten el aliento, aprieta los dientes, usa cada día como un peldaño más: no malgastes las palabras; encuentra la lección que esconde cada instante; aprende a perder, pues es la única forma de llegar a ganar.
Poco a poco te elevarás, paso a paso, tirando de las cadenas que te atan al pasado. Al final encontrarás un sueño por el que realmente merecerá la pena luchar. Será ese el momento en que con un grito de furia romperás tus cadenas, y serás libre.
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