sábado, 7 de noviembre de 2015

Amanecer.

Un momento de silencio, un paisaje congelado en un frío amanecer, cuerpos quietos que miran al horizonte. Una fotografía llena de ilusión y esperanza, enmarcada por sueños, esperanzas y miedos.

Se rompe el silencio, suena una corneta, se iza la conciencia dormida hasta no hace mucho. Sopla el viento agitando la comprensión, mientras los ojos ven más allá. De repente la barrera que separa los capítulos de la vida se desmorona, mostrando un camino a tu espalda: Errores, pero también aciertos; orgullo y vergüenza; lecciones aprendidas tras cada piedra del camino.

"Estoy aquí" piensas, mientras la respiración acompaña el cabo que asciende a lo largo del mástil. ¿Qué simboliza para mi? Es la pausa para coger aire, mientras las piernas se tensan, listas para volver a avanzar. Es el instante en  que renuevas tu compromiso, contigo mismo y los demás.

Es un momento único, pero tiene cien significados. Pues cada uno de los que me acompañan ven este amanecer de un color distinto al mío, y sin embargo, ninguno es mejor que otro. Es la meta lo que caldea nuestros corazones: Hogueras de distinta madera, de llamas diferentes pero intensas.

Es un nuevo día. Luchemos por él, que el mañana es una promesa y solo nuestro pulso firme lo convertirá en certeza.

Silencio

Qué libres son las palabras que no encuentran destinatario. No son juzgadas, salvo por el que las pensó, las dijo, o las escribió.

Dicen que la mejor palabra es la que queda por decir. Esto no es más que el reflejo de la mentalidad de esos hombres de antaño, que no necesitaban un reconocimiento por aquello que hacían. Aquellos hombres rudos sabían que en ocasiones, un silencio oportuno podía salvar más situaciones que el mejor de los discursos. 

Es esta una dura lección para aquellos que como yo, sufren una verborrea, una necesidad de expresar con palabras aquello que ya dicen sus actos. Cómo quisiera parecerme a esos hombres duros, de mirada decidida, que con miradas francas eran capaces de calar el alma de cualquiera. Pero son seres que pueblan los parajes de una mitología propia de la infancia. 

lunes, 29 de junio de 2015

De la felicidad.

Oh mi corazón: Déjate de embates vacíos, relájate en la ausencia, no te vuelvas hacia el horizonte, ni otees el paisaje soleado ante ti. Sigamos por la senda conocida; camino de soñadores, bebedores de ilusiones y observadores incautos. Que tan sólo en la calma engañosa que encierra el ojo de la tormenta, podremos ser felices. No estires tus brazos, no intentes asir con tus manos otro tallo; ya tienes demasiadas cicatrices en tu rostro sereno. Deja que otros confundan tu calma con tristeza, tu sombra con oscuridad; ya vendrán a reposar bajo tus amplias alas cuando el sol los queme, ya verán la fuerza que emana de la templanza que arropa al que ya ha asumido.

Oh mi corazón: No te agites, no dudes, no ansíes. Sigue con tu rítmico caminar y deja que sea el camino el que salga a tu encuentro, pues ambos, tu y yo, ya nos cansamos de buscar. Te tentarán las vacías ilusiones que se encierran bajo rostros sonrientes, te sugerirán futuros que jamás existirán; Querrás volver a arriesgar, y de nuevo te equivocarás. Se que no me escucharás, que de nuevo huirás de este pequeño oasis que sin buscar, encontramos. 

Por todo esto yo te lo ruego: No te alejes de mí, flotando entre vaporosas conjeturas; no quiero volver a recogerte del suelo, golpeado por tus errores y los míos. Ya asumí que esta estación seca durará aún, que quizá el desierto y sus bestias se derramen por este paisaje que nos rodea. Así pues, no te dejes engañar: no hay bien ni mal, tan solo un páramo azotado por el sol y el caos,  en cuyo centro se haya la felicidad, un camino tan estrecho y peligroso como el filo de un cuchillo ¿Me acompañarás? Caminemos juntos por esta senda, el camino en que se encuentra sin buscar, se hace sin actuar, se logra sin pretender. Andemos el sendero que no tiene destino, cuya meta se descubre solo al volverte a mirar. Ahí, mi viejo compañero, habrás encontrado tus alas, aquellas que perdiste antes incluso de empezar a caminar.  

martes, 16 de junio de 2015

Un instante eterno.

El tacto frío de la dama del alba besa mis parpados al despertar cada mañana, dejando su frío aliento enterrado en lo más profundo de mi alma. Así nació este ansia, la inquietud, y el temor ante el último velo a rasgar. Y fruto de este miedo surgió la imagen perfecta: el mañana es tan sólo una ilusión, el presente, es eterno.

Porque este instante no sólo permanecerá en la memoria, si no que se grabará en la existencia, como el hielo labrado en un glaciar, como el acantilado lamido por las olas, como la montaña que mañana se hundirá bajo el agua; pues todo lo que existe deja marcas, huellas que serán borradas por esta ilusión que conocemos como tiempo. Sin embargo, aunque desaparezcan, existirán, dejando sentir su influencia mucho tiempo después de que nosotros hayamos desaparecido. Este momento es como la gota que arrastrada por el torrente, ayuda a formar el cauce de un río: inapreciable por sí sola.

Y así, giro tras giro, la rueda volverá al lugar en que te encuentras, mientras los surcos en las arenas del tiempo son cada vez más profundos. Pues esta película es una ilusión mi amigo, en realidad es un hermoso álbum de fotografías, perfectas en su asimetría. Es el enfoque del tiempo el que cada vez retrata mejor a los actores, que ajenos a la tragedia, actúan para él. 

Pero créeme, este instante es eterno, porque ya ha existido, porque volverá a existir.Así hasta el fin de la eternidad.

sábado, 24 de enero de 2015

La persepectiva de un Adios.

Con el hastío del que no tiene nada ya que decir, me dispongo a manchar esta pagina. Será un nuevo borrón con pretensión de pintura, digno de un buen charlatán, pedante y algo engolado. De seguro hablaré de máximos, a saber: La vida, el bien, el mal, ganar, perder... Una suerte de monólogo, propio del que se agradece a sí mismo, encantado de escucharse, con la locura rondando su dialogo interior, agazapada en la periferia de su razón.

¿Cómo empezar? Creo que hablaré de la perspectiva.

Dijo el sabio: "Tu no ves lo que eres, tan sólo su sombra". Es una verdad difícil de digerir, tanto, que la mayoría ni se molesta en intentarlo; y los que sí, la usan para criticar a otros, sin ver la ironía tras su actitud.
Se abre la veda y la lengua dispara rauda, sin apuntar, sin pensar. Las palabras hieren las emociones, que caen de su vuelo frágil, como trofeo digno del cazador que ni siquiera pretendía cobrarse una pieza.

Luego llega la duda ¿Por qué no lo ve como yo lo veo?¿Por qué no me da la razón? ¿Por qué hace esto si pudo hacer aquello otro? ¿Por qué se queja?¿Por qué me dice esto? Porque no siempre tienes razón, porque tu sólo ves una parte del todo, porque quizá tú disparaste primero.

Pero todo esto ya se ha dicho, así que de nuevo volvemos al hastío. Al ciclo que parece repetirse una y otra vez, hasta que la relación se rompe, como un nudo que se deshace y deja sus cabos flotando al viento. Anticipo lo que ha de acontecer, y su expectativa no me deja un regusto agradable, más nada queda ya de mi en esta cáscara. Dejémonos flotar en el aire frío de este invierno que hace arder mi corazón, mientras todo lo que queda de mí se consume en el pasado, para resurgir a través de las aguas heladas de este amanecer preñado de escarcha.