martes, 31 de diciembre de 2013

SILENCIO

El invierno arde mientras me reconcilio con el silencio. Nunca supe bien cómo tratarlo pese a pasar incontables horas a su lado: Siempre lo menosprecié, dispuesto a abandonarlo tras cada arrebato; Lo engañé en compañía de palabras hirientes, hijas de la ira; Lo traicioné en veladas amenas, embriagado por el alcohol, mientras la risa, como buena casamentera, hilvanaba toda una conversación, una orgía de palabras.
Pero siempre he vuelto a él, cabizbajo, arrepentido del derroche anterior, y él, como amante incondicional que es, me ha recogido con un cálido abrazo cada vez, sin tomar en cuenta mis faltas. Me suelo prometer que si bien no puedo evitar marcharme de su lado de cuando en cuando, al menos pensaré mejor las ocasiones. Luego, vuelvo a equivocarme. 

Pese a todas las primaveras pasadas, creo que la culpa es de los veranos cálidos, cuando el agua o la brisa son un bálsamo, el sol una maldición y la noche, un soñar despierto... Los deseos, las esperanzas, se plasman en ilusiones que crecen como árboles a la orilla del río, hasta que llega el invierno, entonces todo arde. Arde el invierno, arden nuestros sueños, mientras todo muere a nuestro alrededor y las cenizas tiñen el mundo de un gris perenne. Volvemos al silencio entonces, a su refugio, de donde las palabras salen con hosquedad, vacías.Tanto tiempo pasaremos en su compañía, que con la nueva primavera nuestra voz será casi una extraña. 


Arde el invierno, el silencio alza sus brazos aceptando mis disculpas, pero yo miró atrás, pues el humo de la ira tiñe mi voz, una rabia que ruge tan fuerte, arde tan adentro, brilla tanto... No es como una hoguera, ni como una fragua, pues mil focos la alimentan: Es un incendio que asfixia mis palabras, estrangulando las amables, haciendo temblar las hirientes, convirtiendo en ascuas los reproches. Es por eso que vuelvo al silencio, mientras mi boca contiene la ceniza, mientras lo abrazo como a un hermano, con la esperanza de que su fuerte brazo contenga las llamas. Si este incendio prendió en mis oídos, en mis ojos, sea mi boca la que lo contenga, hasta que falto de su sustento, se extinga. 

sábado, 9 de noviembre de 2013

Insomnio

Hoy he comprendido que no es si no en la total oscuridad, que por fin podré divisar la luz que me guíe hacia el nuevo día. Sin embargo, mi brújula no para de dar vueltas, indicándome que, de seguro, he errado ya el camino.

 ¿Confundí el girar del reloj con mi brújula?  ¿he intentado medir mis días según el rumbo que tomaba?

Tal vez sea sólo otra actuación de este circo macabro, o una ilusión, un sueño, humo entre niebla.
La luna se filtra en la oscuridad de la noche que se cierne, como un proyector en una sala oscura. La película es más bien una colección de vídeos caseros: memorias perdidas. Cerremos los ojos esta noche de nuevo, que la noche aun no ha llegado a su apogeo, y sólo tras esta, llegará el amanecer.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Ignorancia

Aburrido se hallaba el diablo en el infierno, ganada ya  su partida por el alma de los hombres, cuando vino a ocurrírsele una nueva forma de atormentar a sus pequeños títeres. Se volvió hacia la silla vacía a su lado y dijo:

-A los que no tienen,  les quitaré lo único que les queda: Su ignorancia. Sea pues, que ahora además de desgraciados, sean conscientes de que lo son, y del porqué.

El asiento vacío le respondió con silencio.

Al cabo de un tiempo, aquello también le aburrió...quizá era hora de empezar una nueva partida.

domingo, 27 de octubre de 2013

Tiempo

El tiempo corre por mis venas, más rápido que la sangre, más espeso, arrastrando los recuerdos como la corriente de un río arrastra los cantos y la arena. Es un viaje que parte de lo ignoto, con destino a lo desconocido, plagado de sucesos inesperados, largas esperas, sonrisas, miradas al vacío...

Sobre mi vida se arrastra un reloj de tic-tac apagado, cuyas manecillas parecen haberse vuelto locas. Antaño se movían despacio, entre largos veranos y eternos inviernos;  ahora, con cada puesta de sol  se mueven más y más rápido, dando la impresión de que tarde o temprano se saldrán de su eje, en una explosión de engranajes, metal y carne.

Mientras la tierra gira y gira, en una vana ilusión de perpetuidad, la fantasía se apodera de mis días, mece mis noches y alimenta mi locura. Si tan sólo mirase atrás, si pensase...pero no hay tiempo para mirar atrás, pues si lo haces, estarás perdido sin remedio. 


miércoles, 25 de septiembre de 2013

La ecuación del futuro.

El humo del cigarro serpenteaba en la penumbra de la habitación. En ella, bajo una lámpara de luz mortecina, había una mesa con dos sillas. En una se encontraba sentado el propietario del cigarrillo,  en la otra me hallaba yo. El cómo llegué a dicha sala, o el  cuándo  y el cómo conocí  a mi interlocutor, son cuestiones que no puedo responder…Y aunque pudiera, no me creerían, o aún peor: sí lo harían.

Vestía un traje holgado, de aspecto viejo, ligeramente descolorido; La camisa bajo la americana era de un color claro, a juego con un pañuelo blanco que guardaba en un bolsillo de la pechera.  Barba y pelo eran canos, profusos y desordenados, algo que intentaba ocultar con la gomina que mantenía el largo cabello pegado a la sien. Sus ojos eran apenas una silueta tras las gafas de sol; Los dientes, lucían un color enfermizo, entre amarillo y marrón. Tan desastroso era su aspecto, que cuando habló, el efecto de su voz fue aún más potente en mí. Manejaba las palabras con soltura, midiendo los tiempos, manteniendo pausas cautivadoras, con palabras exactas  preñadas de matices. Poco a poco el hechizo se fue apoderando de mí , hasta que sólo quedó en la sala el humo y aquella voz. Intentaré transcribir sus palabras en la medida que mi memoria me lo permita.

“-Has recorrido un largo camino para llegar hasta aquí-Se humedeció los labios- Supongo que querrás saber lo mismo que todos  ¿No? Algo me dice que la respuesta en este caso, si bien no decepcionante, será…inesperada.

-En realidad-respondí con un nudo en la garganta- quería saber cuál es el truco, qué lo distingue de los farsantes que he visto antes.

Su mirada permanece unos segundo calvada en mi, sin acusar la ofensa. Al cabo de un breve periodo de tiempo baja la mirada, como si recordara algo. Justo después su voz ocupa de nuevo la estancia:

-¿Truco?- se forma una sonrisa en sus labios- Amigo, no hay truco. Lo que yo ofrezco son posibilidades, jamás certezas. El que le haya vendido algo distinto miente, o se mueve en un terreno que difiere sobremanera del mío.

-Pero no ha respondido a mi pregunta. Si no hay truco- Voy ganando confianza, y pruebo algo más osado- al menos tendrá usted un método ¿verdad?

-Si usted lo quiere llamar así, sí, existe un “método”-gesticula con sus dedos enfatizando lo inverosímil de la respuesta, mientras su sonrisa se amplía, como si le hiciera gracia mi pregunta- Algo en su tono, caballero, me hace pensar que desconoce totalmente el fondo de este asunto que pretende debatir conmigo.

-Puede ser –balbuceo de nuevo inseguro- Ilústreme en ese caso.

-Cuando usted piensa en el futuro  ¿lo ve cómo algo estático? ¿predestinado? o cree que tiene total libertad de acción, qué controla a través de sus acciones lo que el mañana le ha de deparar.

-Supongo- intuyo una trampa- que creo en la predestinación, si no, no estaría aquí con usted.

-Buena respuesta- Se incorpora, inclinando el cuerpo sobre la mesa, acercándose a mí- Aunque creo que realmente no sabe qué creer. No me extraña,  la pregunta se suele plantear en estos términos, pero es un error, dado que la realidad está a medio camino de ambas. Verá, no es cierto que nuestros caminos estén fijados de antemano, ni que de igual todo lo que hagamos en esta vida, pues una mano invisible guía nuestros pasos; tampoco es cierto que tengamos un férreo control sobre nuestras vidas, de manera que a través de nuestros actos podamos crear un mañana determinado. En realidad nuestros actos sólo son variables que se engloban junto con otros factores, en la ecuación que determina nuestro futuro. Sin embargo, al contrario de lo que se piensa, esta ecuación es finita, es decir, el numero de variables que la componen es determinado. Es por ello que en teoría, y sólo en teoría, se podría llegar a calcular.

-¿Y usted dispone de dicha ecuación?

-Es posible- Vuelve a arrellanarse en su silla- Sin embargo, si me lo permite, voy a  adentrarme un momento en el mundo de superchería y mito que, sin lugar a dudas, lo ha guiado hasta mi. Verá, desde la antigüedad el ser humano ha estado obsesionado con la posibilidad de prever su futuro, de controlarlo más bien. A tal fin se han destinado diversos métodos, a cada cual más rocambolesco: Hechizos, cristales, posos, oráculos, cartomancia… De cuando en cuando algún individuo topaba a través de estos métodos con algo de interés, pero en general, se mostraban aleatorios, poco fiables, vamos, un timo, si me permite la expresión. Y sin embargo a través de estos métodos he podido averiguar una serie de pautas que se repiten, las cuales, a modo de baldosas amarillas, me han guiado por esta madriguera de conejos.

-Pero- Aunque se ha expresado perfectamente, no acabo de entender a donde quiere ir a parar- usted dice que son supersticiones, que nada de lo que en ellos se dice es real…

Mi interlocutor da una calada larga al cigarro, convirtiendo en ceniza lo poco que quedaba de él. Tras dejar los restos en un cenicero, saca otro y lo enciende, aspira humo, lo apoya en el cenicero, saca un tercero y repite la operación. El olor a tabaco es muy intenso ahora.

-No se ha preguntado nunca –Retoma la conversación- el porqué de tener unas vidas tan cortas.

-Procuro no pensar en ello-respondo solemne.

-Y si yo le dijera que en realidad, lo que vemos no es sino una parte de un largo camino que comenzó hace mucho, en otra parte.

-No entendería a que se refiere.

-¿Está familiarizado con la idea de la reencarnación?

-No mucho.

-Me lo pone difícil, muchacho. Está bien, quiero que imagine que este cenicero sobre la mesa es el origen de los tiempos. Ahora quiero que se fije atentamente en las líneas de humo que parten de él, y se dispersan ante nosotros. Esas líneas, representan nuestro devenir. Lo que le sugiero, es que según este modelo, nuestra conciencia surgió antes que nuestro cuerpo, y perdurará más allá de este, representando diversos papeles, como un figurante, de una vasta obra de teatro.

Trato infructuosamente de ocultar una sonrisa  burlona, no es la primera vez que escucho esas charadas:

-Ahora me va sonando  ¿algo parecido a la que sostienen los budistas?

-No- ahora ya no hay sonrisa en su rostro-Para ellos todo el ciclo tiene una finalidad, es una suerte de perfeccionamiento del yo, como consciencia total, que les acerca a la iluminación. La realidad es más cruenta… No hay finalidad, y el ciclo, sólo se rompe cuando se hacen trampas.

-¿Trampas?

-Ya llegaremos a eso, paciencia. El motivo de su visita está más relacionado con el propio futuro de cada individuo dentro de esta parodia que llamamos vida. Ahora, por favor, concéntrese en el punto en  que el humo casi se desvanece. Nuestras vidas se encuentran en ese puto perpetuamente: Como ve, de cada hilo, surge todo un ramal de zarcillos. De igual manera, ante nosotros se abren múltiples posibilidades cada día, de manera que es difícil determinar cuál de ellas tomará, y sin embargo, el número de caminos es limitado. Lo que sucede es que si yo le digo que usted seguirá este o aquel camino- pasa una mano batiendo el humo- interfiero en el modelo,  cambiándolo totalmente. Aquí está el primer problema.

-Creo que lo entiendo, me está diciendo que usted sólo puede ser espectador  pasivo de las diversas posibilidades que cada individuo tiene.

-Casi, lo que le estoy  diciendo es que hay que introducir una nueva variable en nuestra ecuación: La interferencia.  Con ella se pueden realizar cálculos complejos que nos lleven a un resultado satisfactorio. De nuevo, serán posibilidades, no certezas, dado que el individuo elegirá de entre un número limitado de alternativas, esbozadas a grandes rasgos.

- Pero ¿Cuál es esa fórmula?

-Amigo, sin ánimo de ofender, no creo que la entendiera. Le voy adelantando ya un ejemplo: al venir aquí ha limitado sus alternativas en este período. Realmente no tiene, perdón, tendrá, más que dos opciones.

-¿Cuáles?

-Si me hace caso y se marcha cuando se lo diga, conservará su vida. Si remolonea intentando averiguar algo más,  lo mejor que le puede pasar es que pierda su cordura.

-Suena a amenaza.

-Nada más lejos de mi intención.

-Así que usted si puede predecir el futuro.

-Entre otras cosas, si.

-Hablaba de trampas antes,  de que la reencarnación es un hecho.

-Yo no llamaría a este proceso reencarnación. Aunque si usted se siente más cómodo usándolo, no me importará utilizarlo. Por otro lado, para explicarle mi comentario anterior debo hablarle antes de ciertas peculiaridades con las que me he topado a lo largo de mi vida.

-Adelante,  y por favor, use los términos que usted prefiera.

-A lo largo de la historia, con independencia del método que usaran, han existido ciertos individuos con un altísimo grado de intuición, que de manera innata han percibido este modelo, si bien de manera incompleta, y por supuesto,  totalmente inconsciente. El destino de todos ellos ha sido nefasto. La conclusión, es evidente: Se paga un precio por trampear en nuestro camino.

-¿Usted también?

-Más alto de lo que usted puede imaginar. Sin embargo, eso no es lo importante, es sólo otro problema más, uno que le puede costar la salud, vida y cordura, pero resoluble.  El verdadero reto, llega cuando al contemplar el modelo, percibes que forma parte de algo más grande.

-¿El hilo de humo completo?

-Efectivamente. Durante un tiempo, permanecí incrédulo. Entonces, mis investigaciones me condujeron a un pueblecito en la costa de lo que antes se conocía como Nueva Inglaterra.

-Eso es un poco indeterminado  ¿no cree?

-Así pretendo que sea. Allí encontré una vieja cueva, en una propiedad abandonada… allí  confirmé mi modelo. Desde ese momento mi existencia completa corre  peligro- la luz de la lámpara titilea y él enmudece durante unos instantes.

Empiezo a sentir escalofríos, su tono de voz ya no es jovial,  su voz, es apenas un susurro:

-Esta realidad funciona de  manera similar a una actuación de magia,  como todas, tiene truco. Pero como sucede con todos los magos, al que maneja la función, no le agrada que alguien se cuele entre bambalinas para descubrirlo.

La luz se apaga y se vuelve a encender. Juraría que la sombra tras él, se ha movido. Ahora si tengo miedo. El tipo se levanta apresurado, lanzando miradas furtivas a su espalda.

-Esta entrevista ha terminado. Márchese ahora, y por lo que más quiera, no mire atrás.

Le doy la mano y me doy la vuelta dispuesto a subir las escaleras de vuelta a la casona en ruinas. No me pasa desapercibido que de un bolsillo de su chaqueta, saca una enorme llave de plata, de cuya finalidad no estoy seguro, dado que no he visto ninguna puerta en el sótano. Su voz me acompaña mientras piso el primer escalón:

-Y recuerde, lo mejor es que olvide cuanto ha escuchado esta noche. El ansia de conocimiento no siempre es buena”.

Después de aquello subí las escaleras apresuradamente y traspuse  la entrada de aquella ruina de casa. Me preguntaba el porqué me habría citado allí. Al llegar a la calle, en plena sierra, escuché un grito aterrador. Bajé corriendo las escaleras, iluminado sólo por la luz de luna que se filtraba por los agujeros del tejado. Al llegar al final de las escaleras me paré de golpe. Donde estuviera el acceso al sótano había un muro…y en él, había una silueta similar a la sombra de una figura humana, agarrada por otras siluetas. No pensé, tan sólo corrí de vuelta al coche y  conduje tan rápido como pude a través del puerto. Sin embargo, no podía quitarme de la cabeza la imagen de aquel muro, una imagen que aun a día de hoy me persigue: Lo último que vi, fue como una de las siluetas se giraba hacia mí, revelando dos ojos rojos que se clavaron en los míos.

jueves, 20 de junio de 2013

Pesadilla

Es de noche, en la habitación brilla la luz de una vela, se escucha el quejido de una vieja mecedora, susurra el viento del desierto. Una puerta de madera bate a final del pasillo cubierto de tierra, mientras fuera, los coyotes aúllan a una luna ausente. 

Otra luz ilumina la escena: Un fósforo destella al ser prendido. La llama ilumina un rostro arrugado, unos ojos vidriosos, una melena encanecida, una pipa desgastada. El fuego se acerca al tabaco y se apaga, pero el interior de la cazoleta se llena de ascuas que emiten un tenue resplandor con cada respiración. El humo forma figuras sinuosas que danzan por el aire, elevándose, perdiéndose en la oscuridad. Un aroma amargo llena la estancia.

Los pesados pasos de unos zapatos resuenan en la piedra desgastada. En el umbral de la habitación aparece una figura, apenas una sombra. El rostro del anciano se congestiona, mostrando una sonrisa cargada de pesar. Enciende otra cerilla, prende otra vela: ahora hay más luz, pero la entrada sigue en penumbras, el rostro del hombre trajeado sigue oculto. En el suelo hay  esparcidas varias fotografías, el desconocido pisa alguna de ellas. Mientras fuma, no mira a los ojos de su invitado, sólo observa la habitación sin ver, recordando. Su mano libre hace girar una moneda mellada sobre una mesa de madera. 

El desconocido está quieto, con los brazos cruzados, aguardando algo, quizá el final de una escena. La moneda sigue girando sobre la mesa destartalada, parece que no fuera a detenerse nunca. El viejo suspira.
La moneda comienza un lento balanceo, perdiendo la verticalidad. La ventana se abre de golpe, el viento apaga las luces; La moneda vibra sobre la mesa en tanto la pipa cae al suelo; La moneda se detiene.

La oscuridad y el frío envuelven la escena. Allí no hay nadie ya. 

lunes, 10 de junio de 2013

Vacuidad en forma de carta

Deseo volver a verte.

Una afirmación que parece sencilla y sin embargo no lo es. Porque volver a verte implicaría volver a albergar esperanza, dudar y por último, ver como todo se marchita en un ejercicio de vacuidad. Incluso puede que fuera peor, quizá verte implicara comprobar que de la pequeña ascua que albergué, no quedan ya ni siquiera rescoldos. Esa sería la muerte de la fantasía, de la minúscula vocecilla que todos los años, como si de otro aniversario se tratara,  me susurra que esto no ha sido todo.

Y si te viera ¿Qué te diría? Que lo que no ha sucedido puede llegar a marcar más que aquello que sí; que siempre me arrepentí de hablar y no actuar; que lamento cada una de las cosas que hice mal, en algún caso hasta sangrar de vergüenza; que todas las demás son  un reflejo pálido en el que busco tu figura; que ¿qué? De seguro sólo te sonreiría e intentaría hacerte pasar un buen rato, para después marcharme sin volver la vista atrás. Después esperaría, aguardaría por tiempo infinito, convencido de que no he cometido ningún error, hasta lamentarlos todos, justo, cuando ya es demasiado tarde. 

Así que seguiré aguardando, mientras la vida pasa. Mientras otras pasan por mi sin dejar huella, apenas si un eco, un charco en el suelo en que ver de nuevo tu sonrisa. Es lo que pasa cuando algo es platónico, se convierte en algo perfecto, algo que si trasladas a la realidad, de seguro se quebrará en mil cristales, mil reflejos de la misma luz. Tras unos años eres apenas un ideal que reposa en mi mente. 

Tengo miedo de llegar a olvidarte, pues estoy seguro que cuando te olvide  me habré convertido en un ser más oscuro: las primaveras me parecerán más frías, aún las tórridas; los días ya no brillaran con una luz especial, incluso los nublosos; y la rutina será mi nuevo credo, el credo de otro ser gris en un mundo anodino. Sin embargo tu recuerdo vuelve a mi todos los años, justo en estas fechas ¿No ha pasado suficiente tiempo aún? o quizá al recordar, recuerde con el corazón, olvidándome de la memoria.

De nuevo vuelve el problema: Siempre se me dio mejor escribirte que hablarte, contarte que escucharte, mirarte que observarte. Ser un ideal es ser objeto pasivo de una locura descrita con palabras hermosas. Y yo nunca quise eso para tí. Quizá me faltó valor: valor para captar tu atención; para entender lo que buscabas y dártelo; para ser yo, y no lo que los demás esperan que sea. Así pues, este no es si no otro ejercicio de vacuidad destinado a reposar en el olvido, cuando la primavera haya sido reemplazada por el verano. O quizá, de las alas rotas de esta fantasía vea surgir una manada de corceles salvajes que me arrastren a través de esta llanura resquebrajada, ahora que el mundo se ha dado la vuelta.

Quiero verte otra vez ¿Una vacuidad?¿Una locura?¿Una estupidez?
Siempre fui un soñador, siempre seré un soñador, derrochando palabras al vacío.

miércoles, 5 de junio de 2013

¿Qué necesitamos?

Oigo voces entre el humo de varios cigarros a medio fumar, son el eco de reflexiones vaciadas de contenido por el hastío. Mi mano se desliza por el cadáver de la guitarra que nunca aprendí a tocar, mientras saboreo las palabras que no voy a pronunciar. En los altavoces que tengo cerca, suena una canción triste y alegre al mismo tiempo, un sabor agridulce que degusto con los oídos en vez de la boca. Habla de la sociedad que poco a poco dejamos atrás, y que como sucede con todos los recuerdos lejanos, empezamos a preguntarnos si de verdad existió alguna vez.


Como en el último siglo, la edad dorada terminó. El conformismo de ayer nos deja a su hija bastarda: la indignación. Si ayer hubiéramos actuado, no hubiéramos llegado al punto en que hoy nos encontramos; pero nos faltó animo para entendernos entre nosotros, y valor, valor para señalar, para gritar, para luchar. Ahora, ahora gritamos, señalamos, golpeamos las paredes de un muro que ahoga nuestros gritos. Pero ya es demasiado tarde, la soga ha sido atada a nuestro cuello.


En el fondo todos sabemos lo que hacer, pero seguimos teniendo miedo. La historia tiende a repetirse con pavorosa facilidad... Los signos que preceden a una Tiranía son difíciles de equivocar, si bien en nuestra época, parece que en vez de ser sometidos a un tirano, seremos sometidos a varios, en una situación tan enrevesada, que ni sus propios actores la entienden realmente por completo.


He visto un anuncio de un banco hace poco: Hay que reiniciar el sistema. Es verdad, todos los sabemos, pero no como el teletipo comercial nos sugiere. Todas las instituciones han sucumbido al canto seductor de la podredumbre, claman por una limpieza a fondo, una que devuelva el sentido a los principios mas elementales de la democracia, de la tradición constitucional moderna. El nombre que ese proceso tiene, el que de verdad requiere, nos aterra.


Tenemos miedo y mientras lo tengamos, la correa con que nos sujetan seguirá firmemente atada. Yo soy como vosotros, por eso no pronunciaré la palabra que necesitamos oír, ni verbalizaré nada de lo que he escrito, por ello, mañana al despertarme, ya lo habré olvidado.


Se acaba la canción: El sólo de guitarra termina, la divagación también. Los cigarros se han consumido, las voces se han callado y lo que queda de mi guitarra a vuelto a su funda. Ya puedo dormir, ya puedo soñar con el despertar.

jueves, 14 de febrero de 2013

A veces


A veces me pierdo en la distancia que mis recuerdos parecen adoptar. Dicen que no se puede vivir en el pasado, y yo, no puedo estar más de acuerdo.  Yo soy más de perderme en sueños, en ligeras imaginaciones con aroma a brisa de primavera.  

En ocasiones me descubro enlazando frases al azar, escuchando en su eco el ruido de la pretenciosidad vacía de contenido. Suelo desecharlas rápido, pues al contrario de lo que le sucede a otros, no tengo, o más bien no quiero tener,  elucubraciones gloriosas: Imágenes ficticias de lo que puedo llegar a ser, de lo que puedo llegar a tener, de gloria o fama. 

Muy raramente pienso en mi mismo como un viajero forastero,  un emigrante cuya tierra natal quedó destruida. En esos momentos comprendo que apenas soy un aprendiz de la vida, de la naturaleza y del hombre. Por cada respuesta que creo tener, se plantean veinte preguntas. Siento que no encajo en el esquema de las cosas, mejor dicho, siento que nada encaja, como si el mundo entero fuera un complicado puzle, y sus piezas, hubieran sido encajadas a la fuerza entre sí. Ah, pero esto me llevará las frases pretenciosas… a hablar de la naturaleza y la tecnología, de vender el alma  al progreso o a quizá, achacarle todo el problema a una naturaleza intrínseca del hombre, puede que algo aún más pomposo. Esos discursitos que a veces se me escapan, como a todos supongo, en momentos de especial ofuscación.

Son pocos los momentos en que no siento que todo es tremendamente complicado. No se trata de que no entienda las situaciones, si bien es cierto que algunas, probablemente muchas, se escapan a mi comprensión. Pero no es ese el problema. El problema reside en el  qué hacer para conjugar los diferentes intereses que existen. Si miro arriba, veo una casta agotada, hipócrita y embustera, que mantiene las formas de una puta decimonónica enferma de sífilis. El sistema está corrupto, tan corrupto como cabe de esperar de un proyecto que jamás abandonó los fondos de un régimen que nada tiene que ver con la democracia. “Restos de una oligarquía de otro tiempo”, como dice Jose Luis San Pedro. Si miro a los lados veo una capa social menguante, convulsa, que se debate entre la llamada a la lucha social, y la sensación de derrota anticipada. Pero lo peor viene al mirar abajo, donde la lucha por la supervivencia ahoga a los que allí se encuentran, con las consecuencias que se pueden deducir en todos los sentidos, incluidas las del clásico Viridiana. Como decía, son pocos los momentos en que no me siento pequeño, encogido ante los gigantes que manejan nuestro día a día. Hablo de intereses, pero en realidad quiero decir el interés de la sociedad frente al de la casta política, y el de estos frente a los que están por encima de ellos. Del sistema financiero mejor no hablar, dado que han fabricado una simbiosis con la casta política y el alto empresariado, de tal suerte que en este país, en lugar de valorarse las ideas o el esfuerzo, se valora el hacer dinero a costa de otros, recurriendo a medidas si no ilegítimas, si de muy dudosa moralidad. 

Ocasionalmente cierro los ojos y, como decía, dejo que la primavera me traiga ensoñaciones de un futuro mejor: Nosotros David y ellos Goliath; El viejo cuento del ladrón que prometió hacer cantar al caballo del rey; Los sueños de libertad que se han fraguado a lo largo de tantos sangrientos episodios de nuestra historia… Ante la injusticia, ante la difamación de los que no tienen, por parte de los que nada saben de sus privaciones; ante la presunción de estupidez general.

A veces, pero sólo a veces, siento que entre todos, podemos hacer cambiar, si no el mundo, quizá nuestro pequeño país. Luego el día a día me absorbe. Y siempre, siempre, acabo pensando que mientras podamos soñar, la esperanza no estará del todo perdida.