miércoles, 5 de junio de 2013

¿Qué necesitamos?

Oigo voces entre el humo de varios cigarros a medio fumar, son el eco de reflexiones vaciadas de contenido por el hastío. Mi mano se desliza por el cadáver de la guitarra que nunca aprendí a tocar, mientras saboreo las palabras que no voy a pronunciar. En los altavoces que tengo cerca, suena una canción triste y alegre al mismo tiempo, un sabor agridulce que degusto con los oídos en vez de la boca. Habla de la sociedad que poco a poco dejamos atrás, y que como sucede con todos los recuerdos lejanos, empezamos a preguntarnos si de verdad existió alguna vez.


Como en el último siglo, la edad dorada terminó. El conformismo de ayer nos deja a su hija bastarda: la indignación. Si ayer hubiéramos actuado, no hubiéramos llegado al punto en que hoy nos encontramos; pero nos faltó animo para entendernos entre nosotros, y valor, valor para señalar, para gritar, para luchar. Ahora, ahora gritamos, señalamos, golpeamos las paredes de un muro que ahoga nuestros gritos. Pero ya es demasiado tarde, la soga ha sido atada a nuestro cuello.


En el fondo todos sabemos lo que hacer, pero seguimos teniendo miedo. La historia tiende a repetirse con pavorosa facilidad... Los signos que preceden a una Tiranía son difíciles de equivocar, si bien en nuestra época, parece que en vez de ser sometidos a un tirano, seremos sometidos a varios, en una situación tan enrevesada, que ni sus propios actores la entienden realmente por completo.


He visto un anuncio de un banco hace poco: Hay que reiniciar el sistema. Es verdad, todos los sabemos, pero no como el teletipo comercial nos sugiere. Todas las instituciones han sucumbido al canto seductor de la podredumbre, claman por una limpieza a fondo, una que devuelva el sentido a los principios mas elementales de la democracia, de la tradición constitucional moderna. El nombre que ese proceso tiene, el que de verdad requiere, nos aterra.


Tenemos miedo y mientras lo tengamos, la correa con que nos sujetan seguirá firmemente atada. Yo soy como vosotros, por eso no pronunciaré la palabra que necesitamos oír, ni verbalizaré nada de lo que he escrito, por ello, mañana al despertarme, ya lo habré olvidado.


Se acaba la canción: El sólo de guitarra termina, la divagación también. Los cigarros se han consumido, las voces se han callado y lo que queda de mi guitarra a vuelto a su funda. Ya puedo dormir, ya puedo soñar con el despertar.

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