El recuerdo nace de un sentimiento como el fuego nace de un fósforo: Prende rápido, arde y se apaga al poco, consumiéndolo por completo. Luego queda un resto flotando tras la combustión, el humo de esta singular cerilla. A veces huele a melancolía, otras a añoranza, quizá a alivio, puede que a esperanza.
En la oscuridad de una noche fría prenderé un resplandor tras otro, pues en tanto el agua del olvido no los moje, prenderán una y otra vez. Como un loco seré iluminado brevemente por los destellos del pasado, mientras como un Chamán invoco la fuerza que parte de este humo: valor para enfrentar el futuro.