Corren las palabras, se amontonan
en mi garganta, ansiosas todas ellas: Las nuevas, las ahogadas, las que no
acudieron al ser llamadas. Ante el borde del papel corren por mi mano deseosas
de fluir en tinta hasta el papel, más yo las freno, muevo perezoso los dedos. Ellas se mecen
incitantes, pura pasión, como la de un antiguo amante que corriera a mi reencuentro años después. La herida que las alejó de mi
mano, la que no les permite acudir a mi lengua, me retiene, me hace recular,
pensar: “Sin prisa, probemos primero si lo nuestro funciona aún”.
Pienso en la esperanza, en la
necesidad de aferrarse a un mañana prometedor; Ellas deslizan su trazo sinuoso
y empieza la magia: un velo, una ilusión vana que cubre la terrible realidad que nos
aguarda a todos al final del camino. Se detiene el trazo, sin revelar a
la nueva invitada que se deja intuir, terrible, tras esta línea solitaria.
Alejo esta antigua figuración de
mi mente. Demasiado densa para una primera cita. Pienso en una noche no lejana…Césped húmedo, la oscuridad rota por fragmentos de
luces lejanas que proyectan sombras sinuosas. Una pregunta flota en el aire
¿Qué me dirías para enamorarme? La herida ata mi lengua, marca una mueca en mi
rostro, resoplo cansado; El trazo se traslada por arte de magia hasta ese
momento, cuando una respuesta desagradable se formaba en mi garganta, sustituyéndola:
¿Qué
podría decir? nada, pues tratar de enamorarte con una frase sería tan absurdo
como querer contemplar toda una vida a través de lo contenido en un suspiro. Y
sin embargo, me gustaría marcarme objetivos más modestos, como encontrar una palabra
capaz de atar tu sonrisa a mi recuerdo, un adjetivo que pudiera describir la
profundidad del abismo que diviso en tus ojos, hermoso como sólo puede serlo
algo mortalmente peligroso. Más soy un necio y buscando tales palabras, he dejado
escapar este precioso momento, alejando tu atención como sólo una pluma puede
flotar en el viento de esta cálida noche de verano.
La mano se alza del papel, devolviéndome
al presente. Sí, creo que esto es justo
lo que buscaba: Reencontrarme con ella, mi prosa, en la pérdida de otro amante más reciente. Pues
qué son las palabras en armonía, si no otra forma más de amor, quizá más puro y
perfecto que el carnal.