El humo del cigarro serpenteaba en la penumbra de la habitación. En ella, bajo una lámpara de luz mortecina, había una mesa con dos sillas. En una se encontraba sentado el propietario del cigarrillo, en la otra me hallaba yo. El cómo llegué a dicha sala, o el cuándo y el cómo conocí a mi interlocutor, son cuestiones que no puedo responder…Y aunque pudiera, no me creerían, o aún peor: sí lo harían.
Vestía un traje holgado, de aspecto viejo, ligeramente descolorido; La camisa bajo la americana era de un color claro, a juego con un pañuelo blanco que guardaba en un bolsillo de la pechera. Barba y pelo eran canos, profusos y desordenados, algo que intentaba ocultar con la gomina que mantenía el largo cabello pegado a la sien. Sus ojos eran apenas una silueta tras las gafas de sol; Los dientes, lucían un color enfermizo, entre amarillo y marrón. Tan desastroso era su aspecto, que cuando habló, el efecto de su voz fue aún más potente en mí. Manejaba las palabras con soltura, midiendo los tiempos, manteniendo pausas cautivadoras, con palabras exactas preñadas de matices. Poco a poco el hechizo se fue apoderando de mí , hasta que sólo quedó en la sala el humo y aquella voz. Intentaré transcribir sus palabras en la medida que mi memoria me lo permita.
“-Has recorrido un largo camino para llegar hasta aquí-Se humedeció los labios- Supongo que querrás saber lo mismo que todos ¿No? Algo me dice que la respuesta en este caso, si bien no decepcionante, será…inesperada.
-En realidad-respondí con un nudo en la garganta- quería saber cuál es el truco, qué lo distingue de los farsantes que he visto antes.
Su mirada permanece unos segundo calvada en mi, sin acusar la ofensa. Al cabo de un breve periodo de tiempo baja la mirada, como si recordara algo. Justo después su voz ocupa de nuevo la estancia:
-¿Truco?- se forma una sonrisa en sus labios- Amigo, no hay truco. Lo que yo ofrezco son posibilidades, jamás certezas. El que le haya vendido algo distinto miente, o se mueve en un terreno que difiere sobremanera del mío.
-Pero no ha respondido a mi pregunta. Si no hay truco- Voy ganando confianza, y pruebo algo más osado- al menos tendrá usted un método ¿verdad?
-Si usted lo quiere llamar así, sí, existe un “método”-gesticula con sus dedos enfatizando lo inverosímil de la respuesta, mientras su sonrisa se amplía, como si le hiciera gracia mi pregunta- Algo en su tono, caballero, me hace pensar que desconoce totalmente el fondo de este asunto que pretende debatir conmigo.
-Puede ser –balbuceo de nuevo inseguro- Ilústreme en ese caso.
-Cuando usted piensa en el futuro ¿lo ve cómo algo estático? ¿predestinado? o cree que tiene total libertad de acción, qué controla a través de sus acciones lo que el mañana le ha de deparar.
-Supongo- intuyo una trampa- que creo en la predestinación, si no, no estaría aquí con usted.
-Buena respuesta- Se incorpora, inclinando el cuerpo sobre la mesa, acercándose a mí- Aunque creo que realmente no sabe qué creer. No me extraña, la pregunta se suele plantear en estos términos, pero es un error, dado que la realidad está a medio camino de ambas. Verá, no es cierto que nuestros caminos estén fijados de antemano, ni que de igual todo lo que hagamos en esta vida, pues una mano invisible guía nuestros pasos; tampoco es cierto que tengamos un férreo control sobre nuestras vidas, de manera que a través de nuestros actos podamos crear un mañana determinado. En realidad nuestros actos sólo son variables que se engloban junto con otros factores, en la ecuación que determina nuestro futuro. Sin embargo, al contrario de lo que se piensa, esta ecuación es finita, es decir, el numero de variables que la componen es determinado. Es por ello que en teoría, y sólo en teoría, se podría llegar a calcular.
-¿Y usted dispone de dicha ecuación?
-Es posible- Vuelve a arrellanarse en su silla- Sin embargo, si me lo permite, voy a adentrarme un momento en el mundo de superchería y mito que, sin lugar a dudas, lo ha guiado hasta mi. Verá, desde la antigüedad el ser humano ha estado obsesionado con la posibilidad de prever su futuro, de controlarlo más bien. A tal fin se han destinado diversos métodos, a cada cual más rocambolesco: Hechizos, cristales, posos, oráculos, cartomancia… De cuando en cuando algún individuo topaba a través de estos métodos con algo de interés, pero en general, se mostraban aleatorios, poco fiables, vamos, un timo, si me permite la expresión. Y sin embargo a través de estos métodos he podido averiguar una serie de pautas que se repiten, las cuales, a modo de baldosas amarillas, me han guiado por esta madriguera de conejos.
-Pero- Aunque se ha expresado perfectamente, no acabo de entender a donde quiere ir a parar- usted dice que son supersticiones, que nada de lo que en ellos se dice es real…
Mi interlocutor da una calada larga al cigarro, convirtiendo en ceniza lo poco que quedaba de él. Tras dejar los restos en un cenicero, saca otro y lo enciende, aspira humo, lo apoya en el cenicero, saca un tercero y repite la operación. El olor a tabaco es muy intenso ahora.
-No se ha preguntado nunca –Retoma la conversación- el porqué de tener unas vidas tan cortas.
-Procuro no pensar en ello-respondo solemne.
-Y si yo le dijera que en realidad, lo que vemos no es sino una parte de un largo camino que comenzó hace mucho, en otra parte.
-No entendería a que se refiere.
-¿Está familiarizado con la idea de la reencarnación?
-No mucho.
-Me lo pone difícil, muchacho. Está bien, quiero que imagine que este cenicero sobre la mesa es el origen de los tiempos. Ahora quiero que se fije atentamente en las líneas de humo que parten de él, y se dispersan ante nosotros. Esas líneas, representan nuestro devenir. Lo que le sugiero, es que según este modelo, nuestra conciencia surgió antes que nuestro cuerpo, y perdurará más allá de este, representando diversos papeles, como un figurante, de una vasta obra de teatro.
Trato infructuosamente de ocultar una sonrisa burlona, no es la primera vez que escucho esas charadas:
-Ahora me va sonando ¿algo parecido a la que sostienen los budistas?
-No- ahora ya no hay sonrisa en su rostro-Para ellos todo el ciclo tiene una finalidad, es una suerte de perfeccionamiento del yo, como consciencia total, que les acerca a la iluminación. La realidad es más cruenta… No hay finalidad, y el ciclo, sólo se rompe cuando se hacen trampas.
-¿Trampas?
-Ya llegaremos a eso, paciencia. El motivo de su visita está más relacionado con el propio futuro de cada individuo dentro de esta parodia que llamamos vida. Ahora, por favor, concéntrese en el punto en que el humo casi se desvanece. Nuestras vidas se encuentran en ese puto perpetuamente: Como ve, de cada hilo, surge todo un ramal de zarcillos. De igual manera, ante nosotros se abren múltiples posibilidades cada día, de manera que es difícil determinar cuál de ellas tomará, y sin embargo, el número de caminos es limitado. Lo que sucede es que si yo le digo que usted seguirá este o aquel camino- pasa una mano batiendo el humo- interfiero en el modelo, cambiándolo totalmente. Aquí está el primer problema.
-Creo que lo entiendo, me está diciendo que usted sólo puede ser espectador pasivo de las diversas posibilidades que cada individuo tiene.
-Casi, lo que le estoy diciendo es que hay que introducir una nueva variable en nuestra ecuación: La interferencia. Con ella se pueden realizar cálculos complejos que nos lleven a un resultado satisfactorio. De nuevo, serán posibilidades, no certezas, dado que el individuo elegirá de entre un número limitado de alternativas, esbozadas a grandes rasgos.
- Pero ¿Cuál es esa fórmula?
-Amigo, sin ánimo de ofender, no creo que la entendiera. Le voy adelantando ya un ejemplo: al venir aquí ha limitado sus alternativas en este período. Realmente no tiene, perdón, tendrá, más que dos opciones.
-¿Cuáles?
-Si me hace caso y se marcha cuando se lo diga, conservará su vida. Si remolonea intentando averiguar algo más, lo mejor que le puede pasar es que pierda su cordura.
-Suena a amenaza.
-Nada más lejos de mi intención.
-Así que usted si puede predecir el futuro.
-Entre otras cosas, si.
-Hablaba de trampas antes, de que la reencarnación es un hecho.
-Yo no llamaría a este proceso reencarnación. Aunque si usted se siente más cómodo usándolo, no me importará utilizarlo. Por otro lado, para explicarle mi comentario anterior debo hablarle antes de ciertas peculiaridades con las que me he topado a lo largo de mi vida.
-Adelante, y por favor, use los términos que usted prefiera.
-A lo largo de la historia, con independencia del método que usaran, han existido ciertos individuos con un altísimo grado de intuición, que de manera innata han percibido este modelo, si bien de manera incompleta, y por supuesto, totalmente inconsciente. El destino de todos ellos ha sido nefasto. La conclusión, es evidente: Se paga un precio por trampear en nuestro camino.
-¿Usted también?
-Más alto de lo que usted puede imaginar. Sin embargo, eso no es lo importante, es sólo otro problema más, uno que le puede costar la salud, vida y cordura, pero resoluble. El verdadero reto, llega cuando al contemplar el modelo, percibes que forma parte de algo más grande.
-¿El hilo de humo completo?
-Efectivamente. Durante un tiempo, permanecí incrédulo. Entonces, mis investigaciones me condujeron a un pueblecito en la costa de lo que antes se conocía como Nueva Inglaterra.
-Eso es un poco indeterminado ¿no cree?
-Así pretendo que sea. Allí encontré una vieja cueva, en una propiedad abandonada… allí confirmé mi modelo. Desde ese momento mi existencia completa corre peligro- la luz de la lámpara titilea y él enmudece durante unos instantes.
Empiezo a sentir escalofríos, su tono de voz ya no es jovial, su voz, es apenas un susurro:
-Esta realidad funciona de manera similar a una actuación de magia, como todas, tiene truco. Pero como sucede con todos los magos, al que maneja la función, no le agrada que alguien se cuele entre bambalinas para descubrirlo.
La luz se apaga y se vuelve a encender. Juraría que la sombra tras él, se ha movido. Ahora si tengo miedo. El tipo se levanta apresurado, lanzando miradas furtivas a su espalda.
-Esta entrevista ha terminado. Márchese ahora, y por lo que más quiera, no mire atrás.
Le doy la mano y me doy la vuelta dispuesto a subir las escaleras de vuelta a la casona en ruinas. No me pasa desapercibido que de un bolsillo de su chaqueta, saca una enorme llave de plata, de cuya finalidad no estoy seguro, dado que no he visto ninguna puerta en el sótano. Su voz me acompaña mientras piso el primer escalón:
-Y recuerde, lo mejor es que olvide cuanto ha escuchado esta noche. El ansia de conocimiento no siempre es buena”.
Después de aquello subí las escaleras apresuradamente y traspuse la entrada de aquella ruina de casa. Me preguntaba el porqué me habría citado allí. Al llegar a la calle, en plena sierra, escuché un grito aterrador. Bajé corriendo las escaleras, iluminado sólo por la luz de luna que se filtraba por los agujeros del tejado. Al llegar al final de las escaleras me paré de golpe. Donde estuviera el acceso al sótano había un muro…y en él, había una silueta similar a la sombra de una figura humana, agarrada por otras siluetas. No pensé, tan sólo corrí de vuelta al coche y conduje tan rápido como pude a través del puerto. Sin embargo, no podía quitarme de la cabeza la imagen de aquel muro, una imagen que aun a día de hoy me persigue: Lo último que vi, fue como una de las siluetas se giraba hacia mí, revelando dos ojos rojos que se clavaron en los míos.
Vestía un traje holgado, de aspecto viejo, ligeramente descolorido; La camisa bajo la americana era de un color claro, a juego con un pañuelo blanco que guardaba en un bolsillo de la pechera. Barba y pelo eran canos, profusos y desordenados, algo que intentaba ocultar con la gomina que mantenía el largo cabello pegado a la sien. Sus ojos eran apenas una silueta tras las gafas de sol; Los dientes, lucían un color enfermizo, entre amarillo y marrón. Tan desastroso era su aspecto, que cuando habló, el efecto de su voz fue aún más potente en mí. Manejaba las palabras con soltura, midiendo los tiempos, manteniendo pausas cautivadoras, con palabras exactas preñadas de matices. Poco a poco el hechizo se fue apoderando de mí , hasta que sólo quedó en la sala el humo y aquella voz. Intentaré transcribir sus palabras en la medida que mi memoria me lo permita.
“-Has recorrido un largo camino para llegar hasta aquí-Se humedeció los labios- Supongo que querrás saber lo mismo que todos ¿No? Algo me dice que la respuesta en este caso, si bien no decepcionante, será…inesperada.
-En realidad-respondí con un nudo en la garganta- quería saber cuál es el truco, qué lo distingue de los farsantes que he visto antes.
Su mirada permanece unos segundo calvada en mi, sin acusar la ofensa. Al cabo de un breve periodo de tiempo baja la mirada, como si recordara algo. Justo después su voz ocupa de nuevo la estancia:
-¿Truco?- se forma una sonrisa en sus labios- Amigo, no hay truco. Lo que yo ofrezco son posibilidades, jamás certezas. El que le haya vendido algo distinto miente, o se mueve en un terreno que difiere sobremanera del mío.
-Pero no ha respondido a mi pregunta. Si no hay truco- Voy ganando confianza, y pruebo algo más osado- al menos tendrá usted un método ¿verdad?
-Si usted lo quiere llamar así, sí, existe un “método”-gesticula con sus dedos enfatizando lo inverosímil de la respuesta, mientras su sonrisa se amplía, como si le hiciera gracia mi pregunta- Algo en su tono, caballero, me hace pensar que desconoce totalmente el fondo de este asunto que pretende debatir conmigo.
-Puede ser –balbuceo de nuevo inseguro- Ilústreme en ese caso.
-Cuando usted piensa en el futuro ¿lo ve cómo algo estático? ¿predestinado? o cree que tiene total libertad de acción, qué controla a través de sus acciones lo que el mañana le ha de deparar.
-Supongo- intuyo una trampa- que creo en la predestinación, si no, no estaría aquí con usted.
-Buena respuesta- Se incorpora, inclinando el cuerpo sobre la mesa, acercándose a mí- Aunque creo que realmente no sabe qué creer. No me extraña, la pregunta se suele plantear en estos términos, pero es un error, dado que la realidad está a medio camino de ambas. Verá, no es cierto que nuestros caminos estén fijados de antemano, ni que de igual todo lo que hagamos en esta vida, pues una mano invisible guía nuestros pasos; tampoco es cierto que tengamos un férreo control sobre nuestras vidas, de manera que a través de nuestros actos podamos crear un mañana determinado. En realidad nuestros actos sólo son variables que se engloban junto con otros factores, en la ecuación que determina nuestro futuro. Sin embargo, al contrario de lo que se piensa, esta ecuación es finita, es decir, el numero de variables que la componen es determinado. Es por ello que en teoría, y sólo en teoría, se podría llegar a calcular.
-¿Y usted dispone de dicha ecuación?
-Es posible- Vuelve a arrellanarse en su silla- Sin embargo, si me lo permite, voy a adentrarme un momento en el mundo de superchería y mito que, sin lugar a dudas, lo ha guiado hasta mi. Verá, desde la antigüedad el ser humano ha estado obsesionado con la posibilidad de prever su futuro, de controlarlo más bien. A tal fin se han destinado diversos métodos, a cada cual más rocambolesco: Hechizos, cristales, posos, oráculos, cartomancia… De cuando en cuando algún individuo topaba a través de estos métodos con algo de interés, pero en general, se mostraban aleatorios, poco fiables, vamos, un timo, si me permite la expresión. Y sin embargo a través de estos métodos he podido averiguar una serie de pautas que se repiten, las cuales, a modo de baldosas amarillas, me han guiado por esta madriguera de conejos.
-Pero- Aunque se ha expresado perfectamente, no acabo de entender a donde quiere ir a parar- usted dice que son supersticiones, que nada de lo que en ellos se dice es real…
Mi interlocutor da una calada larga al cigarro, convirtiendo en ceniza lo poco que quedaba de él. Tras dejar los restos en un cenicero, saca otro y lo enciende, aspira humo, lo apoya en el cenicero, saca un tercero y repite la operación. El olor a tabaco es muy intenso ahora.
-No se ha preguntado nunca –Retoma la conversación- el porqué de tener unas vidas tan cortas.
-Procuro no pensar en ello-respondo solemne.
-Y si yo le dijera que en realidad, lo que vemos no es sino una parte de un largo camino que comenzó hace mucho, en otra parte.
-No entendería a que se refiere.
-¿Está familiarizado con la idea de la reencarnación?
-No mucho.
-Me lo pone difícil, muchacho. Está bien, quiero que imagine que este cenicero sobre la mesa es el origen de los tiempos. Ahora quiero que se fije atentamente en las líneas de humo que parten de él, y se dispersan ante nosotros. Esas líneas, representan nuestro devenir. Lo que le sugiero, es que según este modelo, nuestra conciencia surgió antes que nuestro cuerpo, y perdurará más allá de este, representando diversos papeles, como un figurante, de una vasta obra de teatro.
Trato infructuosamente de ocultar una sonrisa burlona, no es la primera vez que escucho esas charadas:
-Ahora me va sonando ¿algo parecido a la que sostienen los budistas?
-No- ahora ya no hay sonrisa en su rostro-Para ellos todo el ciclo tiene una finalidad, es una suerte de perfeccionamiento del yo, como consciencia total, que les acerca a la iluminación. La realidad es más cruenta… No hay finalidad, y el ciclo, sólo se rompe cuando se hacen trampas.
-¿Trampas?
-Ya llegaremos a eso, paciencia. El motivo de su visita está más relacionado con el propio futuro de cada individuo dentro de esta parodia que llamamos vida. Ahora, por favor, concéntrese en el punto en que el humo casi se desvanece. Nuestras vidas se encuentran en ese puto perpetuamente: Como ve, de cada hilo, surge todo un ramal de zarcillos. De igual manera, ante nosotros se abren múltiples posibilidades cada día, de manera que es difícil determinar cuál de ellas tomará, y sin embargo, el número de caminos es limitado. Lo que sucede es que si yo le digo que usted seguirá este o aquel camino- pasa una mano batiendo el humo- interfiero en el modelo, cambiándolo totalmente. Aquí está el primer problema.
-Creo que lo entiendo, me está diciendo que usted sólo puede ser espectador pasivo de las diversas posibilidades que cada individuo tiene.
-Casi, lo que le estoy diciendo es que hay que introducir una nueva variable en nuestra ecuación: La interferencia. Con ella se pueden realizar cálculos complejos que nos lleven a un resultado satisfactorio. De nuevo, serán posibilidades, no certezas, dado que el individuo elegirá de entre un número limitado de alternativas, esbozadas a grandes rasgos.
- Pero ¿Cuál es esa fórmula?
-Amigo, sin ánimo de ofender, no creo que la entendiera. Le voy adelantando ya un ejemplo: al venir aquí ha limitado sus alternativas en este período. Realmente no tiene, perdón, tendrá, más que dos opciones.
-¿Cuáles?
-Si me hace caso y se marcha cuando se lo diga, conservará su vida. Si remolonea intentando averiguar algo más, lo mejor que le puede pasar es que pierda su cordura.
-Suena a amenaza.
-Nada más lejos de mi intención.
-Así que usted si puede predecir el futuro.
-Entre otras cosas, si.
-Hablaba de trampas antes, de que la reencarnación es un hecho.
-Yo no llamaría a este proceso reencarnación. Aunque si usted se siente más cómodo usándolo, no me importará utilizarlo. Por otro lado, para explicarle mi comentario anterior debo hablarle antes de ciertas peculiaridades con las que me he topado a lo largo de mi vida.
-Adelante, y por favor, use los términos que usted prefiera.
-A lo largo de la historia, con independencia del método que usaran, han existido ciertos individuos con un altísimo grado de intuición, que de manera innata han percibido este modelo, si bien de manera incompleta, y por supuesto, totalmente inconsciente. El destino de todos ellos ha sido nefasto. La conclusión, es evidente: Se paga un precio por trampear en nuestro camino.
-¿Usted también?
-Más alto de lo que usted puede imaginar. Sin embargo, eso no es lo importante, es sólo otro problema más, uno que le puede costar la salud, vida y cordura, pero resoluble. El verdadero reto, llega cuando al contemplar el modelo, percibes que forma parte de algo más grande.
-¿El hilo de humo completo?
-Efectivamente. Durante un tiempo, permanecí incrédulo. Entonces, mis investigaciones me condujeron a un pueblecito en la costa de lo que antes se conocía como Nueva Inglaterra.
-Eso es un poco indeterminado ¿no cree?
-Así pretendo que sea. Allí encontré una vieja cueva, en una propiedad abandonada… allí confirmé mi modelo. Desde ese momento mi existencia completa corre peligro- la luz de la lámpara titilea y él enmudece durante unos instantes.
Empiezo a sentir escalofríos, su tono de voz ya no es jovial, su voz, es apenas un susurro:
-Esta realidad funciona de manera similar a una actuación de magia, como todas, tiene truco. Pero como sucede con todos los magos, al que maneja la función, no le agrada que alguien se cuele entre bambalinas para descubrirlo.
La luz se apaga y se vuelve a encender. Juraría que la sombra tras él, se ha movido. Ahora si tengo miedo. El tipo se levanta apresurado, lanzando miradas furtivas a su espalda.
-Esta entrevista ha terminado. Márchese ahora, y por lo que más quiera, no mire atrás.
Le doy la mano y me doy la vuelta dispuesto a subir las escaleras de vuelta a la casona en ruinas. No me pasa desapercibido que de un bolsillo de su chaqueta, saca una enorme llave de plata, de cuya finalidad no estoy seguro, dado que no he visto ninguna puerta en el sótano. Su voz me acompaña mientras piso el primer escalón:
-Y recuerde, lo mejor es que olvide cuanto ha escuchado esta noche. El ansia de conocimiento no siempre es buena”.
Después de aquello subí las escaleras apresuradamente y traspuse la entrada de aquella ruina de casa. Me preguntaba el porqué me habría citado allí. Al llegar a la calle, en plena sierra, escuché un grito aterrador. Bajé corriendo las escaleras, iluminado sólo por la luz de luna que se filtraba por los agujeros del tejado. Al llegar al final de las escaleras me paré de golpe. Donde estuviera el acceso al sótano había un muro…y en él, había una silueta similar a la sombra de una figura humana, agarrada por otras siluetas. No pensé, tan sólo corrí de vuelta al coche y conduje tan rápido como pude a través del puerto. Sin embargo, no podía quitarme de la cabeza la imagen de aquel muro, una imagen que aun a día de hoy me persigue: Lo último que vi, fue como una de las siluetas se giraba hacia mí, revelando dos ojos rojos que se clavaron en los míos.
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