El invierno arde mientras me reconcilio con el silencio. Nunca supe bien cómo tratarlo pese a pasar incontables horas a su lado: Siempre lo menosprecié, dispuesto a abandonarlo tras cada arrebato; Lo engañé en compañía de palabras hirientes, hijas de la ira; Lo traicioné en veladas amenas, embriagado por el alcohol, mientras la risa, como buena casamentera, hilvanaba toda una conversación, una orgía de palabras.
Pero siempre he vuelto a él, cabizbajo, arrepentido del derroche anterior, y él, como amante incondicional que es, me ha recogido con un cálido abrazo cada vez, sin tomar en cuenta mis faltas. Me suelo prometer que si bien no puedo evitar marcharme de su lado de cuando en cuando, al menos pensaré mejor las ocasiones. Luego, vuelvo a equivocarme.
Pese a todas las primaveras pasadas, creo que la culpa es de los veranos cálidos, cuando el agua o la brisa son un bálsamo, el sol una maldición y la noche, un soñar despierto... Los deseos, las esperanzas, se plasman en ilusiones que crecen como árboles a la orilla del río, hasta que llega el invierno, entonces todo arde. Arde el invierno, arden nuestros sueños, mientras todo muere a nuestro alrededor y las cenizas tiñen el mundo de un gris perenne. Volvemos al silencio entonces, a su refugio, de donde las palabras salen con hosquedad, vacías.Tanto tiempo pasaremos en su compañía, que con la nueva primavera nuestra voz será casi una extraña.
Arde el invierno, el silencio alza sus brazos aceptando mis disculpas, pero yo miró atrás, pues el humo de la ira tiñe mi voz, una rabia que ruge tan fuerte, arde tan adentro, brilla tanto... No es como una hoguera, ni como una fragua, pues mil focos la alimentan: Es un incendio que asfixia mis palabras, estrangulando las amables, haciendo temblar las hirientes, convirtiendo en ascuas los reproches. Es por eso que vuelvo al silencio, mientras mi boca contiene la ceniza, mientras lo abrazo como a un hermano, con la esperanza de que su fuerte brazo contenga las llamas. Si este incendio prendió en mis oídos, en mis ojos, sea mi boca la que lo contenga, hasta que falto de su sustento, se extinga.
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