viernes, 7 de septiembre de 2012

Caballos Salvajes



Caballos salvajes galopando por una llanura resquebrajada, desolada, en mitad de una tormenta aterradora, lanzados hacia el horizonte, encabritados, enloquecidos.
¿Sabes Hank? Sigue habiendo caballos de ojos hermosos. Pero portan viseras que sólo les permiten ver los surcos por los que avanzan. Al final, se consumirán en el horizonte, donde todos los senderos terminan.  En tanto, el látigo los sigue azuzando:
-Seguid, confiad, no preguntéis.
Sin embargo, de cuando en cuando, alguno se pregunta:
              -¿Por qué no ir más allá? ¿Por qué seguir este rumbo fijo?
La respuesta restalla en forma de latigazo, de dominación, de rechazo. El animal es apartado para que no contagie a la masa con sus ideas.
¡OH HANK! Sigue habiendo hombres de ojos hermosos, fieros e indómitos. Pero el látigo los castiga, mientras las manos que empuñan este cruel cuero sonríen, fuman puros, conducen coches caros y visten trajes oscuros. Son usureros que juegan con la vida de las personas, gota a gota, esperanza a esperanza, sueño a sueño.
Y el poeta?  El poeta ya sólo observa impotente.

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