viernes, 7 de septiembre de 2012

Adios



En una vieja estación suena el silbato de un tren.
El tiempo se ha detenido: saludos, despedidas; sonrisas, lágrimas; Miradas, cabezas gachas… todo perfectamente congelado. Hay una luz tenue que se filtra por las altas vidrieras, revelando haces como filos, hojas que hienden el polvo en suspensión. De pronto se destaca una figura vestida con un abrigo rojo, los labios pintados de carmín intenso, el pelo castaño ondulado y una sonrisa abierta como media luna que engulle mi mirada. Un aroma embriagador inunda la escena, mi corazón se acelera, sonrío sin saber bien qué decir. Tras un gesto de cariño ella habla:
-No sabía si vendrías…- deja morir la frase en el silencio del anden atestado, para luego retomarla- Será temporal, volveré.
Prende un beso en mi mejilla, sube al tren. Yo le digo adiós con la mirada y mi corazón se estremece. El vapor de una chimenea envuelve el andén…Es sólo una vieja fotografía descolorida, sostenida por una mano arrugada, junto a otra mano rugosa. Al alzar la mirada veo su blanco pelo ondulado, la bata a juego y su sonrisa, que permanece intacta. Al final mantuvo su palabra. En ese momento ella abre los ojos, como si me leyera el pensamiento:
-          No tengas miedo, te esperaré en la siguiente estación.
Mi corazón se estremece una vez más, en un andén distinto, ante un tren diferente. Y te digo adiós con la mirada.

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