Corro por este desierto nacarado, vivo mientras mis pies alzan arena con cada pisada, y las pisadas se pierden entre las dunas, al otro lado de las cumbres que lame el viento cálido. El sol quema mi espalda mientras la sal impregna mi piel, seca mi boca... me susurra que busque refugio y agua. Sin embargo yo no me detengo, pues en mi interior ruge un fuego intenso, una llama que hace palidecer al sol que me ilumina.
De pronto, al rebasar una de las lomas veo un paraje insólito: Hay verde, ocre y un suave azul en mitad de un profundo valle. Me acerco, mi carrera vacila, mis pies se vuelven pesados, mi corazón se estremece...tanta paz, tal belleza. En un parpadeo todo desaparece, más al llegar al centro del valle, veo sobre una colina la espalda desnuda de una mujer: seductora, incitante, provocadora. Hay otras huellas en la Arena ¿Acaso he de seguirla?
Mientras continúo corriendo hasta la siguiente duna, no puedo evitar pensar que, la promesa de un futuro lleno de paz y prosperidad es en ocasiones, el peor de los espejismos. El futuro es sólo una ilusión. Me conformaré con el momento, mientras alimento el anhelo que ha nacido de esta visión.
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