domingo, 18 de mayo de 2014

Hermosa Criatura

Nació del día, pero fue hijo de la noche. Fue alumbrado por la Tierra, más concebido por el propio cielo. En lo más profundo de la oscuridad yacieron Sol y Luna, ocultando su amor prohibido en una noche artificial, hasta que, con el primer mordisco de Luz, tuvieron que despedirse. Ellos engendraron esta fiera criatura.Y sin bien ellos la engendraron, he sido yo el que la he alimentado año tras año, la he guiado por este sinuoso desfiladero; conmigo ha cruzado el mar tempestuosos, no una, sino cien veces; a mi lado ha combatido, ha sido herida, la han derribado y golpeado hasta no poder levantarse.

Desde mi pequeña embarcación, aferradas las jarcias con fuerza, siento el viento sobre mi cuerpo mojado, cubierto por la sal que la última gran ola dejó tras de sí. Negras nubes cubren un horizonte teñido de violeta por las sacudidas de una tormenta lejana.  En mi interior no dejo de sorprenderme ante la obstinación con que nos mantenemos a flote.  Mientras me pregunto por la futilidad de tamaño esfuerzo, ella, mi compañera, se encarama a la roda, prendiendo sus ojos felinos en la siguiente ola, que es aún más alta, más amenazadora. Ruge con fuerza, con obstinación, con la firmeza que nace de una rabia profunda y densa . El golpe es más fuerte que el anterior, toda la cubierta es engullida por un abrazo turquesa. Pero el barco no se hunde, y ante mi estupefacción, ella sigue en pie, con el pelaje mojado, pero la mirada fija en un punto que no alcanzo a discernir. Ella ve algo que yo no puedo.

Es su gruñido hosco el que me hace levantarme, cuando ya había hincado una rodilla en el suelo. Es su mirada fiera la que me empuja a tirar de los cabos y extender la vela en mitad de esta tormenta. Es su rabia la que apaga mi miedo, mi tristeza, mi autocompasión. Ella es el fuego que caldea el vacío, las tinieblas que moran en mi interior.  Pero nadie lo entiende: me miran y no ven el mar; me observan y no ven la tormenta; me escuchan y no oyen el rugido del mar embravecido. Pero sobre todo, ni  ven, ni escuchan a mi compañera.


¿Quién es? te preguntarás… Yo te responderé: Hay un tigre deambulando por mi interior, rugiendo furioso, estremeciendo mi cuerpo. Su valor es mi fuerza, su instinto mi temor ¿Ahora lo ves? Obsérvalo bien, es mi alma la que viste su piel.

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